Itzel Aceves estudia cómo aprendemos con la participación comunitaria
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Itzel Aceves estudia cómo aprendemos con la participación comunitaria
Al graduarse del ITESO la egresada fue reconocida como promesa para la psicología. Ahora, como profesora de la Universidad Estatal de Sacramento, celebra la colaboración de los niños en familias latinoamericanas.
Ximena Torres
¿Y si todo este tiempo tuvimos frente a nosotros la respuesta para atender la desconexión social, pero la descartamos porque nos parecía demasiado anticuada? Esa es una de las preguntas que Itzel Aceves Azuara se ha hecho a partir de su investigación académica.
Para responder, la egresada de la Licenciatura en Psicología del ITESO no propone un método de aprendizaje mágico e impecable, pero sí asegura que la crianza que involucra a los niños en las actividades cotidianas de su comunidad puede hacer la diferencia para abordar los trastornos psicológicos relacionados con la soledad y el aislamiento que varias sociedades padecen la actualidad.
Resulta que ser acomedidos —ese valor de servicio que muchas familias mexicanas, especialmente aquellas con herencia Indígena, cultivan a través de la participación de los niños en las actividades cotidianas— es una fortaleza de aprendizaje de la comunidad latina y de las comunidades Indígenas de América. Reconocer este hecho implica enfrentar la visión occidental que ha tachado de “subdesarrolladas” a estas culturas y a todo aquello que no ponga al individuo en primer lugar. Itzel Aceves, como psicóloga cultural, ha trabajado por desmontar ese estigma desde que era estudiante en el ITESO y ahora como profesora en la Universidad Estatal de Sacramento.
“La psicología cultural nos ayuda a entender que hay un montón de valores y prácticas, de formas de pensar y de entender el mundo. Lo que busca es reducir el etnocentrismo, que nos lleva a juzgar de manera negativa todo lo que es diferente a lo que estamos acostumbrados”, dice la egresada.
La pertinencia del enfoque con el que trabaja la demostraron los investigadores Joseph Henrich, Steven J. Heine y Ara Norenzayan en 2010. En un artículo publicado en una revista de la Universidad de Cambridge revelaron que 96 por ciento de las investigaciones de psicología solo estudiaban a personas de sociedades occidentalizadas, educadas, industrializadas, ricas y democráticas (WEIRD por sus siglas en inglés), aunque solo representaran el 12 por ciento de la población global.
El camino de Itzel para desmarcarse de esa tendencia comenzó de la mano de la doctora en psicología y profesora del ITESO, Rebeca Mejía Arauz. Aceves era su asistente de investigación cuando aún cursaba la Licenciatura en Psicología y en esa temporada entendió por primera vez, desde la teoría, que los niños aprenden participando e interactuando en las actividades de su contexto sociocultural. Cuando se graduó, ya era coautora de artículos y capítulos de libros académicos, y en mayo de 2014 recibió el premio “Promesa para la psicología”, del Colegio de Psicólogos en Intervención del Estado de Jalisco, AC.
Una década después, aquella proyección se ha materializado a través de su trabajo sobre desarrollo psicocultural y crianza. Itzel es profesora asistente en la Universidad Estatal de Sacramento desde 2022 y, en la misma institución, dirige un Laboratorio Sociocultural para estudiar las diferencias relacionadas al valor de la colaboración entre estudiantes mexicanos y estadounidenses.
Al hablar de aquello que la motiva, dice: “En California muchos estudiantes mexicoamericanos y de otros grupos no dominantes han crecido con la idea de que tienen que dejar su cultura atrás para seguir adelante. Me gusta mucho hacer investigación y descubrir juntos que en su manera de ser hay mucho que celebrar”.
Comunidades que se organizan mediante inclusión
Luego de graduarse del ITESO, el trabajo que Itzel había hecho la llevó a reunirse con la psicóloga estadounidense Barbara Rogoff, quien también es una figura reconocida en el estudio del desarrollo cognitivo en el contexto social. Como parte de sus estudios doctorales en la Universidad de California en Santa Cruz, Rogoff le propuso continuar su investigación sobre cambios generacionales en la crianza en una comunidad Maya de Guatemala. Así fue que entró de lleno al estudio del modelo del aprendizaje por medio de la observación y la participación (LOPI por sus siglas en inglés).
“Este acercamiento al aprendizaje se contrapone con el modelo de ‘línea de ensamblaje’, en el que yo te doy conocimiento, tú lo absorbes y luego obtienes un certificado. El modelo LOPI tiene que ver con una situación cotidiana en la que todos contribuimos”, explica Itzel. “Una de sus características clave es la organización comunitaria en la que personas de todas las edades contribuyen a iniciativas compartidas, con una participación voluntaria y gratificante”, complementa el sitio web de la investigación.
Las publicaciones sobre el tema sostienen que el modelo LOPI es una fortaleza de muchas comunidades mexicanas e Indígenas, en donde la armonía comunitaria, la convivencia y la colaboración son valores primordiales. En ellas, los niños son incluidos en una amplia variedad de actividades y aprenden a través de la observación. Sin embargo, en las últimas décadas, la globalización y el dominio de la cultura occidental han transformado sus prácticas en la crianza.
“Lo que yo hice fue volver a la comunidad Maya 30 años después de las primeras observaciones de la doctora Rogoff. Busqué a quienes eran niños en ese entonces y que ahora tienen hijos y repliqué el mismo modelo experimental para comparar cómo se comportaban las familias en los años 90 y ahora en el 2020”, cuenta Itzel. Ese trabajo se publicó en la revista Child Development de la Universidad de Oxford. Entre los resultados encontró que la colaboración de los niños en las actividades del hogar disminuyó a la mitad entre las dos visitas. Como parte de las causas la investigadora menciona el aumento de la escolaridad, la inserción de la tecnología y, por lo tanto, la adopción de costumbres de otras culturas.
Aunque celebra el acceso a los servicios básicos, Itzel Aceves es crítica de este giro hacia la individualidad occidental, que impulsa a los niños a centrarse solo en sí mismos y su desempeño académico. Incluso, lo considera una forma de segregación que busca crear un mundo de plástico y juguetes para las infancias, aunque estas no participen.
“¿Cuándo van a aprender a ser buenos ciudadanos, buenos vecinos y seres humanos si no son parte de lo que sucede en su comunidad?”, cuestiona la investigadora.
En su análisis crítico, la egresada del ITESO identificó que el enfoque heredado de Rogoff y Mejía Arauz también tiene un gran potencial para enfrentar el racismo, especialmente en las comunidades de California que tienen un porcentaje importante de población migrante. Eso la ha impulsado seguir con su trabajo en Estados Unidos, pues, frente a las conversaciones que solo reconocen los déficits y problemas de las familias latinas, ella se dedica a reconocer y divulgar las mejores partes de su modo de vida.
“Me quedé en California porque encontré hay una gran necesidad de atender a la población latina, entender cuáles son sus perspectivas, realidades y necesidades. Me encanta cuando mis estudiantes logran ver su cultura como algo positivo”, cuenta.
En los próximos años, Itzel espera concretar sus proyectos de investigación comparativa sobre la colaboración entre estudiantes latinoamericanos y estadounidenses. Además, buscará colaborar con familias multiculturales de su comunidad para reforzar su sentido de orgullo e identidad. Asegura que, como lo ha hecho durante la última década, se guiará por la visión de servicio que aprendió en las aulas del ITESO.
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